El Parque Finca Liana

La verdadera historia del Parque Finca Liana: El oasis de Móstoles nacido de un millonario "cambio de cromos"

¿Cuántas veces has paseado por los estanques del Parque Finca Liana sin sospechar el secreto que esconden sus árboles? Hoy es el gran pulmón verde de Móstoles, pero su origen no tiene nada que ver con un plan ecológico municipal. Detrás de sus 17 hectáreas se esconde una historia de poder, una expropiación forzosa camuflada de intercambio de parcelas millonario y un laberinto judicial que tardó casi veinte años en resolverse. Esta es la verdadera historia del parque que creías conocer.

1. El origen: Una finca de recreo privada (1935 - 1960)

El parque no nació como un espacio público ni comunal. Su creador fue Cándido Rodríguez Zazo, una figura clave en la localidad que desempeñó el cargo de secretario del Ayuntamiento de Móstoles entre los años 1935 y 1960.
Aprovechando su posición y el conocimiento del terreno local, Rodríguez Zazo fue comprando paulatinamente pequeñas parcelas agrícolas colindantes a distintos vecinos del municipio. Tras unificar estas tierras con propiedades de su propia esposa, dio forma a una gigantesca finca compacta de casi 17 hectáreas en pleno casco urbano.
En este perímetro, la familia construyó un gran chalet señorial de recreo y diseñó una frondosa explotación forestal privada, plantando cientos de pinos, olivos e higueras que transformaron el paisaje agrícola original.

2. El conflicto: De pulmón privado a suelo público (1985)

A mediados de los años 80, Móstoles sufría una expansión urbanística descomunal debido al éxodo rural hacia la periferia de Madrid. La Finca Liana se convirtió en un caramelo hiperlucrativo para las empresas promotoras de la época, que planeaban derribar el chalet y levantar miles de bloques de pisos.
Para frenar la masificación del ladrillo y salvar el único espacio arbolado que quedaba en el centro, el entonces alcalde socialista, Bartolomé González Llorente, intervino de urgencia. En 1985, el Ayuntamiento decretó formalmente la expropiación forzosa de los terrenos alegando su "utilidad pública" como zona verde indispensable para la ciudadanía.
Sin embargo, las arcas municipales estaban completamente vacías y el consistorio no tenía liquidez para pagar los cientos de millones de pesetas que valía la finca en efectivo. Para sortear la quiebra, el Ayuntamiento ofreció a los herederos de Rodríguez Zazo una alternativa legal: un convenio urbanístico de permuta. El pacto consistía en que la familia cedía la Finca Liana a la ciudad a coste cero inmediato y, a cambio, el Ayuntamiento les "pagaba" adjudicándoles parcelas de suelo edificable y valiosos derechos de construcción en los nuevos barrios residenciales que se iban a desarrollar en Móstoles.

3. La transformación en parque urbano (1985 - 1990)

Con el suelo ya en manos públicas, comenzaron las obras de remodelación entre finales de los 80 y 1990. El diseño del nuevo parque público fue inteligente: decidió respetar la fisionomía de la antigua explotación forestal privada. Se mantuvieron intactos los pinos, olivos e higueras que la familia Rodríguez Zazo había plantado décadas atrás.
El chalet familiar se rehabilitó para integrarlo en el complejo, se excavaron los grandes estanques artificiales con surtidores de agua y se levantó la imponente pérgola elíptica de hormigón que hoy corona el recinto, convirtiéndose en el gran punto de encuentro vecinal.

4. El gran engaño: El litigio de los 704 millones (1996)

El verdadero problema estalló en los años 90. Cuando los herederos intentaron hacer valer los derechos de construcción y las parcelas que el Ayuntamiento les había dado a cambio de su finca, descubrieron una realidad muy distinta: los terrenos entregados por el consistorio estaban devaluados, tenían cargas administrativas o carecían del valor comercial prometido. La familia se sintió estafada.
Los antiguos dueños demandaron al Ayuntamiento de Móstoles ante los tribunales, exigiendo que se recalculara el "justiprecio" de la expropiación original. En octubre de 1996, el Jurado Territorial de Expropiación de Madrid dictaminó una resolución histórica: dio la razón a la familia y fijó el valor real de la Finca Liana en 704 millones de pesetas de la época. La justicia destapó que el Ayuntamiento les había entregado parcelas que ni de lejos cubrían esa colosal fortuna.
El proceso se convirtió en un laberinto legal a tres bandas. El Ayuntamiento, asfixiado por la deuda, tuvo que involucrar a la Sociedad Estatal de Promoción y Equipamiento de Suelo (SEPES) para cruzar terrenos estatales con municipales y tratar de diseñar un plan que salvara el agujero económico provocado por el intercambio.

5. El desenlace definitivo: La sentencia del Tribunal Supremo (2003)

La batalla legal se alargó durante años debido a los sucesivos recursos de apelación. El caso escaló hasta la más alta instancia judicial del país: el Tribunal Supremo de España.
El 9 de abril de 2003, la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo dictó la sentencia definitiva (Recurso 5595/1998). El Alto Tribunal ratificó las valoraciones previas y blindó por completo los derechos económicos de los herederos de Rodríguez Zazo.
Para evitar una ejecución forzosa que embargara los fondos del municipio, el Ayuntamiento de Móstoles no tuvo más remedio que claudicar. Para dejar a la familia legalmente compensada y cerrar el conflicto tras 18 años de pleitos, el consistorio tuvo que firmar un nuevo acuerdo urbanístico definitivo. En este pacto final, se retiraron las parcelas problemáticas iniciales y se entregaron a los herederos nuevos suelos urbanizables de primera categoría, libres de cargas y con un altísimo valor comercial en las zonas de mayor expansión periférica de Móstoles. Solo cuando la familia recibió terrenos que realmente valían los 704 millones de pesetas fijados por la justicia, el caso se cerró para siempre.

6. El Parque Liana hoy: De la polémica a la ecología

Hoy en día, las tensiones judiciales han quedado enterradas bajo el césped. El antiguo chalet familiar y sus dependencias anexas, que detonaron todo el conflicto, albergan actualmente el Centro de Educación Ambiental (CEA) Finca Liana.
Este espacio gestiona los huertos urbanos comunitarios de la ciudad, organiza rutas botánicas para colegios aprovechando los árboles centenarios que plantó Rodríguez Zazo y sirve como punto de encuentro para el voluntariado ecológico de Móstoles. Lo que comenzó como una finca privada y continuó como una guerra en los tribunales, es hoy el indiscutible corazón verde y social de todos los mostoleños.